Saber qué pasa con las joyas en una herencia es importante porque, aunque a veces se repartan de manera informal entre los familiares, forman parte del patrimonio de la persona fallecida y deben tenerse en cuenta junto con el resto de sus bienes. Anillos, pulseras, cadenas, relojes o piezas de oro pueden tener además un valor económico considerable, por lo que conviene identificarlos y valorarlos antes de decidir cómo repartirlos o qué hacer con ellos.
No todas las joyas presentan las mismas dificultades. Una alianza sencilla de oro puede valorarse principalmente teniendo en cuenta el metal que contiene, mientras que una pieza de alta joyería, un reloj o una joya antigua puede tener un valor muy diferente al de sus materiales.
Por eso, antes de repartir o vender las joyas heredadas, merece la pena saber exactamente qué tenemos entre manos.
¿Cómo se reparten las joyas de una herencia?
Las joyas forman parte de los bienes de la herencia y, como tales, deben tenerse en cuenta a la hora de realizar el reparto entre los herederos. El hecho de que sean objetos personales o tengan un valor sentimental no significa que queden automáticamente fuera de la herencia.
Cuando existen varias piezas, una solución habitual es realizar primero un inventario. No hace falta complicarlo demasiado: se pueden fotografiar las joyas, describirlas y anotar las características que permitan identificarlas.
El siguiente paso será determinar su valor. Esto resulta especialmente importante cuando hay varios herederos y las piezas tienen precios muy diferentes. Si una persona recibe una joya de mucho mayor valor que las demás, esa diferencia tendrá que tenerse en cuenta al realizar el reparto global de los bienes.
También puede ocurrir que varios herederos quieran conservar la misma pieza por su valor sentimental. En esos casos, contar con una valoración objetiva de la joya puede facilitar mucho llegar a un acuerdo.
¿Cómo saber cuánto valen unas joyas heredadas?
A simple vista puede resultar difícil saber cuánto vale realmente una joya. Que una pieza sea antigua no significa necesariamente que sea muy valiosa y, del mismo modo, una joya aparentemente sencilla puede contener una cantidad importante de oro o piedras de valor.
En las joyas de oro se tienen en cuenta aspectos como el peso y la pureza del metal. Una pieza de 18 quilates, por ejemplo, no contiene la misma proporción de oro puro que una de 14 quilates.
Pero el metal es solo una parte de la valoración. También pueden influir las piedras preciosas, la marca, la antigüedad, el diseño, el estado de conservación o, incluso, la existencia de documentación original.
Por eso, si existen piezas cuyo valor desconocemos, es preferible obtener una valoración antes de repartirlas o venderlas. Especialmente cuando hablamos de joyería antigua, relojes de determinadas marcas o piezas con diamantes y otras piedras preciosas.
¿Tengo que pagar impuestos sobre las joyas heredadas?
Sí. Las joyas que recibimos mediante una herencia deben tenerse en cuenta en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, ya que forman parte de los bienes que pasan del fallecido a sus herederos.
Esto no significa que exista un impuesto específico para las joyas. Su valor se integra en la herencia junto con el resto de bienes y derechos recibidos.
La cantidad que finalmente corresponda pagar dependerá de las circunstancias de cada herencia. Influyen factores como el valor de lo heredado, el parentesco con la persona fallecida y la comunidad autónoma en la que deba liquidarse el impuesto, entre otros aspectos.
También hay que tener presente que, en determinadas circunstancias, la normativa del Impuesto sobre Sucesiones contempla el denominado ajuar doméstico, que tiene sus propias reglas de valoración. Sin embargo, no conviene asumir automáticamente que cualquier joya queda incluida o valorada de una determinada manera por este concepto. Cuando existen piezas de valor significativo, lo recomendable es identificarlas y revisar cómo deben tratarse en el caso concreto.
¿Qué ocurre si no tengo las facturas de las joyas?
Es muy frecuente. Muchas joyas pasan décadas dentro de una familia y es perfectamente normal que nadie conserve la factura de un anillo comprado hace treinta o cuarenta años.
No tener la factura no impide que una joya pueda formar parte de la herencia.
En estos casos podemos documentarla de otras maneras. Fotografiarla, describirla y obtener una valoración profesional ayuda a dejar constancia de qué pieza se ha heredado y cuál es su valor aproximado.
Si existe cualquier documentación adicional, también conviene conservarla: certificados de diamantes o piedras preciosas, estuches originales, documentación de la marca, reparaciones realizadas o antiguas tasaciones pueden aportar información útil.
¿Cómo vender joyas heredadas?
Antes de vender una joya heredada, lo primero es saber exactamente qué estamos vendiendo. Este paso puede parecer evidente, pero evita uno de los errores más habituales: valorar una joya únicamente por el peso del oro cuando puede tener un valor adicional.
Si hablamos de una cadena, una pulsera o una pieza sencilla cuyo principal valor está en el metal, será importante conocer su peso y sus quilates. A partir de ahí se puede comparar la valoración ofrecida con la cotización del oro.
La situación cambia si tenemos una joya firmada, una pieza antigua, un reloj de alta gama o piedras preciosas. En esos casos, el valor de reventa puede superar al del oro que contiene, por lo que venderla simplemente para fundición podría hacer que perdiéramos parte de su valor.
También es recomendable solicitar una valoración clara antes de aceptar una oferta y preguntar cómo se ha calculado. De esta forma podremos saber si se está valorando únicamente el metal o también otros elementos de la pieza.
Por supuesto, antes de vender debemos asegurarnos de que la joya ya nos ha sido correctamente adjudicada dentro de la herencia y conservar la documentación correspondiente.
¿Es mejor vender las joyas o conservarlas?
Depende. Hay joyas cuyo principal valor es económico y otras que tienen, sobre todo, un valor sentimental o familiar difícil de sustituir.
Antes de vender, puede ser buena idea separar ambos aspectos. Si una pieza perteneció a un familiar y tiene un significado especial, quizá su valor económico no sea el criterio más importante.
Cuando hay varios herederos, también se puede acordar que uno de ellos conserve determinadas piezas y compensar su valor en el reparto con otros bienes o dinero.
Si la intención es vender, entonces sí merece la pena conocer previamente el valor real de las joyas y comparar opciones. Tomar la decisión con información suele ser mejor que vender rápidamente sin saber qué piezas hemos heredado.
¿Cuánto hay que pagar a Hacienda por la venta de joyas?
No existe un porcentaje único que Hacienda cobre simplemente por vender una joya heredada. Hay que diferenciar el momento en el que recibimos la joya y el momento en el que posteriormente la vendemos.
Al recibirla mediante herencia entra en juego el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Si después la vendemos, puede producirse una ganancia o pérdida patrimonial a efectos del IRPF, calculada conforme a las reglas fiscales aplicables.
De forma simplificada, si una joya se recibió con un determinado valor y posteriormente se vende por una cantidad superior, puede existir una ganancia patrimonial que deba declararse. No se tributa necesariamente por todo el dinero obtenido en la venta como si todo fuese beneficio.
Precisamente por eso es importante documentar correctamente el valor de las joyas cuando se reciben en herencia. Si años después decidimos venderlas, contar con la documentación de la herencia y la valoración utilizada puede facilitar mucho determinar el resultado de la operación.
La tributación concreta dependerá de las circunstancias de cada caso y de la normativa vigente en el momento de la venta, por lo que ante piezas de elevado valor es recomendable consultar la operación con un profesional.
¿Qué documentación conviene conservar?
Aunque una vez repartida la herencia pueda parecer que ya no hace falta guardar nada, merece la pena conservar toda la documentación relacionada con las joyas.
Entre otros documentos, pueden ser útiles la adjudicación de la herencia, la documentación del Impuesto sobre Sucesiones, las tasaciones, fotografías, certificados de autenticidad y las facturas originales, si todavía existen.
Si posteriormente vendemos alguna pieza, también conviene guardar el justificante de la operación.
De esta manera tendremos una historia documental bastante clara: qué joya recibimos, cuándo la heredamos, qué valor tenía en ese momento y por cuánto se vendió posteriormente.
En definitiva, las joyas heredadas no deberían repartirse o venderse sin saber antes qué valor tienen. Identificarlas, valorarlas y conservar la documentación permite realizar un reparto más claro entre los herederos y evita dudas si más adelante decidimos venderlas. Y si alguna pieza puede tener un valor especial por su antigüedad, marca o piedras preciosas, merece la pena comprobarlo antes de valorar únicamente el oro que contiene.


